miércoles, 10 de junio de 2015

- Ante la impunidad, la injusticia y la muerte de demasiados

Van 108 funcionarios asesinados en Jalisco.
Con el homicidio de Javier Galván Guerrero, delegado del ISSSTE en Jalisco, suman 108 funcionarios públicos asesinados en Jalisco. Galván fue dirigente del PRI y también Alcalde de Autlán de Navarro, una zona donde opera el Cártel Jalisco Nueva Generación.
Los homicidios de servidores no se esclarecen, denuncia diputado.
ImpunIdad  La gran mayoría de los asesinatos de funcionarios públicos, no se esclarecen, expresó el diputado José Luis Munguía, después de confirmarse la muerte de Galván Guerrero. “Es preocupante que en la gran mayoría de los casos, son situaciones que no se esclarecen, no hay resultados de alguna investigación. Esto, además de la preocupación que genera el clima de inseguridad que se vive, nos quedamos con las dudas del por qué de este tipo de asesinatos”, expresó el presidente de la Comisión de Justicia. Son situaciones repetitivas que exponen lo vulnerable que puede ser cualquier persona, tenga o no un cargo público. “En todos los niveles ha tocado, no ha sido exclusivamente en municipios, ya hemos visto diputados federales, secretarios, ahora una persona representativa del PRI, que actualmente Gobierna en el Estado”, dijo el legislador del PAN.

OPINION: (JORGE RAMOS AVALOS
Ante la impunidad, la corrupción, la injusticia... México reclama un cambio, que está ocurriendo muy poco a poco.
… Entre los mexicanos aún existe la sensación de que existen dos Méxicos: uno, pequeño, el de los gobernantes, los ricos, los privilegiados y sus amigos; y otro, el más grande, donde los abusos, la falta de justicia y de oportunidades son la regla. Un dato: en 2013 los mexicanos sufrieron 33.1 millones de delitos, según la ENVIPE. La mayoría de esos crímenes –31 millones– no fueron ni siquiera investigados. Esto quiere decir que la impunidad en México en el 2013 fue del 93.8 por ciento, cifra superior a la del 2012 (92.1%).
Si a la impunidad le sumas los más de 37 mil asesinatos desde el 2012, las masacres de Ayotzinapa y Tlatlaya, y las acusaciones de corrupción por la compra de la llamada “Casa Blanca” a un contratista del gobierno –entre muchos otros conflictos de interés–, es fácil entender por qué tantos mexicanos quieren un cambio.
No hay nada raro en esto, ni se trata de ninguna conspiración internacional para enlodar la marca México. Las cosas no están bien. Por eso en las pasadas elecciones ganó el candidato independiente Pedro Kumamoto, de 25 años, para el Congreso de Jalisco. Por eso, también Jaime Rodríguez, alias El Bronco, será el primer gobernador independiente de Nuevo León. “Hay un enojo con los partidos políticos”, me dijo en una entrevista antes de la votación. “Hay un enojo por el tema de la corrupción”.
Sí, es cierto. México está enojado. El PRI –el partido en el poder que controla la Presidencia y el Congreso– ha tenido que ajustarse a las enormes presiones de cambio en México. Obtuvo apenas el 29 por ciento del voto en las pasadas elecciones. Atrás quedaron los días en que el candidato del PRI podía “ganar” el 100 por ciento de los votos en 1,762 casillas, como lo hizo el ex presidente Carlos Salinas de Gortari en el mayúsculo fraude electoral de 1988. Pero aún hay una enorme resistencia y se nota. El viejo PRI no ha desaparecido y sigue dando coletazos: con moches, con abusos de autoridad, con presiones a la prensa y una bien aceitada maquinaria de corrupción. Esta resistencia la explica perfectamente el premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, en su magnífico libro Thinking, Fast and Slow. Su teoría es que las personas y los sistemas tienden a regresar al promedio, a lo normal, a lo que están acostumbrados. Aunque un corredor haga un tiempo récord en una competencia, eventualmente regresará a correr en sus tiempos habituales.

Lo mismo pasa con las naciones. México necesita un cambio urgente. Alguna vez hasta llegué a pensar que estaba listo para un revolcón social (como en Guatemala, donde la vicepresidenta fue obligada a renunciar y las investigaciones de corrupción están llegando hasta las puertas de la Presidencia). Pero ese cambio no acaba de concretarse a nivel nacional. Los partidos políticos tradicionales –PRI, PAN y PRD– obtuvieron la mayor parte de los votos en las pasadas elecciones. A pesar de las protestas, de la presión de las redes sociales y de la creciente crítica al incierto rumbo del país, el cambio está ocurriendo muy poco a poco. Es decir, un Bronco por aquí y un Kumamoto por allá. Pero el sistema se mantiene casi intacto. Por eso lo que escribió John Kenneth Turner en 1911 suena tan cierto hoy. ¿México bárbaro versión 2015? ¿México bronco? No, no por ahora. Más bien un México enojado e inconforme pero aún acurrucado en lo que conoce. Sin embargo, los indignados son tantos que nadie puede dormir tranquilo. Y eso está bien. Así de inquieto debe estar un país que se quiere deshacer de lo que apesta.