El lago de Texcoco es parte de un sistema de lagos, localizados al suroeste del Valle de México, actualmente en proceso de
desaparición. Situado en el centro del Eje Neo Volcánico que atraviesa el territorio mexicano desde
la costa del Pacífico.
El lago de Texcoco pertenece a la subprovincia X de los lagos y
volcanes del Anáhuac. Se trata de una zona muy joven en términos de tiempo
geológico.
A su vez, Lagos y Volcanes de Anáhuac pertenece a la provincia
geológica del Eje Neo Volcánico, correspondiente a la zona de
alta actividad volcánica que atraviesa el territorio de México de la costa del Pacífico a la costa del
Golfo, más o menos siguiendo el paralelo 19 N.
La
superficie del vaso se formó durante el período cuaternario de la era cenozoica.
Se trata de un suelo con un alto grado de salinidad, misma que a
su vez se comunicaba con el agua que lo cubrió. Estaba rodeado por cadenas
montañosas, compuestas en su mayor parte por rocas ígneas extrusivas,
resultado del vulcanismo de la provincia del Eje Neo Volcánico.
La
sierra de Guadalupe y el cerro Chimalhuache emergieron durante el período
cuaternario, como el vaso mismo del lago. La península de Iztapalapa, la sierra
de las Cruces y el valle de Teotihuacan son regiones geológicas más antiguas.
Emergieron durante el período terciario. Las dos primeras están
formadas por volcanes inactivos, por lo que, como la sierra de Guadalupe, están
compuestas por rocas ígneas. Por su lado, la superficie del valle de
Teotihuacan está formada por rocas
sedimentarias.
La historia que ha llevado a la desecación de buena parte de la
superficie de las masas acuosas que formaban parte del sistema dio comienzo en
la época prehispánica. Por
aquella etapa de la historia, los indígenas construyeron islas artificiales en
los bajos de la laguna, con el propósito de ganar tierras para el cultivo o, en
el caso de México-Tenochtitlan, para construir poblados.
En el siglo XVII,
cuando los españoles ya habían sometido los territorios que llamaron Nueva España,
la capital del virreinato fue objeto de incontables inundaciones.
Ello motivó la construcción de obras de drenaje que, continuadas por los
sucesivos gobiernos en la época del México independiente, han llevado a la
desaparición casi total de los cinco lagos que componen el sistema. La cuenca
lacustre del valle de México estaba formada por los lagos de Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco.
Ocasionalmente se habla de la laguna
de México, pero ello sólo cuando se hace mención al período histórico en
que los indígenas construyeron un dique entre la sierra de Guadalupe, al norte del lago de
Texcoco, y el cerro de la Estrella, en el sur del mismo.
Una
característica singular de este sistema de lagos era el carácter distinto de
sus aguas. Mientras que los lagos de Xochimilco y Chalco estaban formados con
aguas dulces, las aguas de Texcoco, Zumpango y Xaltocan eran salobres.
De hecho, los antiguos pobladores de las riberas y los islotes de estos tres
últimos lagos se dedicaban a la explotación de sal, que
obtenían mediante la evaporación del agua del lago. De cualquier modo, el agua
de los lagos del valle de México no era provechosa para la vida humana. Las
aguas de los lagos de Texcoco, Zumpango y Xaltocan no eran potables por su alta salinidad y las aguas dulces de
Xochimilco y Chalco no eran provechosas más que para la agricultura, pues los
residuos de las plantas y animales que poblaban los ecosistemas asociados les
daban mal sabor. Por ello, los pobladores de México-Tenochtitlan debieron
introducir un sistema de abasto de agua potable para importar el líquido de los
manantiales aledaños.
El lago de Texcoco formaba parte del sistema de lagos
que cubría una buena superficie del valle de México. En temporada de lluvia, el lago se unía con los otros cuatro, que se
localizaban entre las cadenas montañosas que rodean el valle.
Al norte del lago de Texcoco se localizaban dos pequeñas lagunas de agua
salada. Estas han sido llamadas de Xaltocan y Zumpango. Son nombres nahuas se impusieron luego de la llegada de los pueblos
hablantes de esta lengua al centro de México. El límite entre el lago de
Texcoco y el lago de Xaltocan lo señalaba un canal que pasaba entre el norte de
la sierra de Guadalupe y los cerros que marcan la división entre el corazón
del Valle de México y el valle deTeotihuacan. Hacia el sur, el lago de
Texcoco se extendía hasta la península de Iztapalapa y se comunicaba con el lago de Xochimilco a través de un paso entre el cerro de la Estrella y la llanura
aluvial de Coyoacán.

En
el interior del lago existían numerosos islotes. Salvo los del Peñón de los
Baños y el Peñón Viejo, el resto de los islotes era planos. Se localizaban
especialmente en la región occidental del lago. Algunos de estos islotes son
célebres en la historia prehispánica de México, puesto que fueron el hogar de
pueblos como los mexicas. Quizá el más grande fue el islote de
Tenochtitlan, lugar que comprende el área del Centro Histórico de la Ciudad de México,
capital del Estado mexica. Al norte de éste, se encontraba el islote de Tlatelolco,
que alojaba el mercado más grande del posclásico mesoamericano. Al sureste, un rosario de
islotes se ubicaban entre el de México y la ribera de Iztapalapa. Entre ellos
se cuentan los de Iztacalco y Pantitlán.
Forma parte de la cuenca lacustre del Valle de México un sistema de
lagos que comprendía los de Xochimilco, Chalco, Xaltocan y Zumpango. Se trataba de un lago de agua salada, del que en la
antigüedad prehispánica se obtenía
sal, pero no agua para cultivo. Tras la destrucción de los diques indígenas que
contenían sus crecidas, las aguas del lago de Texcoco inundaban periódicamente
la ciudad de México, desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Esta fue la
razón que llevó a las autoridades del virreinato y la república independiente a
idear un sistema de desagüe que terminó por reducir el área de los lagos. Al final del siglo XX, el gobierno
de México puso en marcha un programa
de rescate del cuerpo de agua, aunque por cuestiones económicas ha sido
suspendido.
La desecación de los lagos puso fin a la
presencia de la mayor parte de las diferentes especies. Las aves migratorias se
alejaron de los lagos del centro de México, o fueron exterminadas, como los
mamíferos, por la cacería indiscriminada. Al reducirse la extensión del lago,
la fauna acuática y la vegetación también padecieron una reducción o
desaparición en amplias zonas de la ribera, al grado de que en la actualidad
los árboles de la familia Salix han dado paso a otros como el eucalipto, el pirul y los pinos, introducidos
posteriormente. De cualquier manera, la diversidad de la flora ribereña del
lago de Texcoco ha sido históricamente reducida, debido a la gran salinidad del
suelo.
Habida cuenta de la supuesta inutilidad y
peligrosidad del lago, el gobierno colonial español dio inicio a las obras de
drenaje que finalmente llevaron a la desaparición de casi todo el lago de
Texcoco y sus cuatro hermanos del norte y sur.
Esta tarea fue concluida en el siglo XX, con los trabajos del Gran Canal del Desagüe iniciados por el gobierno de Porfirio Díaz; así como el Drenaje Profundo de la Ciudad de México, cuya primera etapa concluyó en 1975.
Se suponía que con las obras porfirianas, el problema de las inundaciones estaba resuelto de una vez por todas. Sin embargo, hacia la mitad de la década de 1920, el sistema ya presentaba ciertas fallas. Como demostraría en 1947 el ingeniero Nabor Carrillo, la extracción de agua de los acuíferos del valle de México propiciaron una pérdida de la pendiente del sistema de colectores del drenaje. En 1950 dio inicio una nueva ampliación de los colectores, y se intentó aumentar la velocidad de salida del agua, por medio de la construcción de un nuevo túnel en Tequisquiac, que fue concluido en 1954.
En 1938, el último canal que surcaba la zona urbana, el de la Viga, había sido cegado definitivamente. Sobre él se construyó una avenida del mismo nombre. Igual suerte corrieron entre 1954 y 1957 los ríos Churubusco, Remedios, del Consulado y de la Piedad. En 1967 dio inicio la construcción del Sistema de Drenaje Profundo de la Ciudad de México. Según el proyecto original, el sistema comprendía dos interceptores de cinco metros de diámetro y dieciocho kilómetros de longitud. Ambos descargan al Emisor Profundo, que a su vez descarga en el sistema de drenaje del lago de Texcoco.
De esta suerte, el lago de Texcoco quedó reducido a una ínfima parte de su superficie inicial. Si algo hiciera falta, el Sistema de Drenaje Profundo mezcla las aguas de los ríos que bajan del poniente del valle con las aguas negras de desecho de la ciudad, sin aprovecharlas; mientras que buena parte del agua potable que se consume en la ciudad de México debe ser importada de las cuencas del Balsas y el Lerma.
Esta tarea fue concluida en el siglo XX, con los trabajos del Gran Canal del Desagüe iniciados por el gobierno de Porfirio Díaz; así como el Drenaje Profundo de la Ciudad de México, cuya primera etapa concluyó en 1975.
Se suponía que con las obras porfirianas, el problema de las inundaciones estaba resuelto de una vez por todas. Sin embargo, hacia la mitad de la década de 1920, el sistema ya presentaba ciertas fallas. Como demostraría en 1947 el ingeniero Nabor Carrillo, la extracción de agua de los acuíferos del valle de México propiciaron una pérdida de la pendiente del sistema de colectores del drenaje. En 1950 dio inicio una nueva ampliación de los colectores, y se intentó aumentar la velocidad de salida del agua, por medio de la construcción de un nuevo túnel en Tequisquiac, que fue concluido en 1954.
En 1938, el último canal que surcaba la zona urbana, el de la Viga, había sido cegado definitivamente. Sobre él se construyó una avenida del mismo nombre. Igual suerte corrieron entre 1954 y 1957 los ríos Churubusco, Remedios, del Consulado y de la Piedad. En 1967 dio inicio la construcción del Sistema de Drenaje Profundo de la Ciudad de México. Según el proyecto original, el sistema comprendía dos interceptores de cinco metros de diámetro y dieciocho kilómetros de longitud. Ambos descargan al Emisor Profundo, que a su vez descarga en el sistema de drenaje del lago de Texcoco.
De esta suerte, el lago de Texcoco quedó reducido a una ínfima parte de su superficie inicial. Si algo hiciera falta, el Sistema de Drenaje Profundo mezcla las aguas de los ríos que bajan del poniente del valle con las aguas negras de desecho de la ciudad, sin aprovecharlas; mientras que buena parte del agua potable que se consume en la ciudad de México debe ser importada de las cuencas del Balsas y el Lerma.
Al recate del Lago de Texcoco
A la segunda mitad del siglo
XX, la situación ambiental en el valle de México. Por otra
parte, las obras del Drenaje Profundo también mostraban sus debilidades, puesto
que en tanto que continuara el crecimiento demográfico y territorial de la
ciudad, la cuestión del desagüe de la cuenca podría complicarse cada vez más.
Por esta época, extensas áreas del viejo lago de Texcoco habían sido
incorporadas a la zona urbana. Ya lo habían hecho los actuales territorios de Iztacalco, Benito Juárez y Venustiano Carranza. Comenzaba la colonización del oriente, especialmente en el
enorme fraccionamiento llamado Ciudad Nezahualcóyotl, que en aquel tiempo
pertenecía al municipio de Texcoco.
En 1965 se instauró el Plan
Texcoco, encabezado por los ingenieros Nabor Carrillo y Gerardo
Cruickshank. El planteamiento central del mismo consistía en la rehidratación
de las áreas aun baldías del viejo lago. De esta suerte, la ciudad se vería
libre de inundaciones, el equilibrio ecológico sería restaurado y la necesidad
de importar agua de otras cuencas sería sustituida por la exportación de
excedentes hídricos hacia el río Pánuco.
En 1971 fue creada la Comisión del Lago de Texcoco, dependiente de la Secretaría de
Agricultura y Recursos Hidráulicos
(SARH), actualmente desaparecida. Fueron declaradas como área de
propiedad federal 10 mil hectáreas de terrenos salitrosos ubicados entre el
oriente de la Ciudad de México y Texcoco de Mora.
Una
parte de las aguas tratadas de la Ciudad de México, así como aquellas que son
expulsadas desde la sierra de las Cruces a través de los ríos entubados que
atraviesan la ciudad, ha servido para la creación de pequeñas lagunas
artificiales en la zona. La mayor de ellas lleva el nombre de Nabor Carrillo, y
tiene una superficie de mil hectáreas. Sin embargo, el proyecto no ha sido
completado debido a la falta de recursos económicos y a la prioridad concedida
a las obras del sistema de drenaje profundo.