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domingo, 1 de septiembre de 2019

- XICO, pueblo mágico de Veracruz

En medio de la Sierra Madre Oriental, con aroma de buen café, Xico espera a los visitantes para darles a probar su rica comida, mientras disfrutan de sus fiestas, admiran sus atractivas edificaciones.
 Los indígenas prehispánicos llamaban al lugar «Xicochimalco», que significa «Nido de jicotes» en lengua nahua. Los conquistadores españoles llegaron temprano al puerto de Veracruz y también a Xicochimalco. En 1540 arribaron los evangelizadores franciscanos y trazaron el nuevo pueblo de Xico a pocos kilómetros del asentamiento viejo y la ciudad colonial empezó a formarse. Xico padeció siglos de aislamiento y su principal contacto con el resto del mundo hasta el siglo XX fue el ferrocarril hacia Xalapa. 
Xico goza de un clima fresco, por encontrarse enclavado en la Sierra Madre Oriental, a 1.286 metros sobre el nivel del mar. La temperatura promedio anual en el Pueblo Mágico es de 19 °C, que sube hasta 21 °C en los meses de verano y baja hasta 15 o 16 °C en el invierno. No hay temperaturas demasiado extremas en Xico, ya que los calores máximos no superan los 28 °C, mientras que en los momentos más helados hacen 10 o 11 °C. La temporada de lluvias va de junio a noviembre, aunque también puede llover en mayo y octubre y un poco menos en los restantes meses.
Xico es la cabecera del municipio veracruzano del mismo nombre, situado en la zona centro-occidental del largo y delgado estado mexicano. El municipio colinda con las también entidades municipales veracruzanas de Coatepec, Ayahualulco y Perote. Xico se encuentra a 23 km. de Xalapa por la carretera estatal, mientras que la ciudad de Veracruz está a 125 km. Otras ciudades cercanas a Xico son Orizaba (141 km.), Puebla (195 km.), y Pachuca (300 km.) La Ciudad de México se encuentra a 318 km del Xico.
En el paisaje arquitectónico de Xico sobresalen la Plaza de los Portales, el Templo de Santa María Magdalena, la Capilla del Llanito, la Antigua Estación del Ferrocarril y el Puente Viejo. Dos llamativas exposiciones que hay que conocer son las del Museo del Vestido y el Museo Totomoxtle. En las cercanías se encuentran Xico Viejo, el Cerro del Acatepetl y algunas bellas cascadas.
Xico cuenta con dos símbolos gastronómicos que no puedes dejar de degustar en el Pueblo Mágico: el Xonequi y el Mole Xiqueño. El mejor mes para ir a Xico es julio, todo de fiestas en honor a Santa María Magdalena, con callejoneadas, calles engalanadas y la Xiqueñada, un peculiar espectáculo taurino.
La Plaza de los Portales de Xico consigue que te sientas como si la máquina del tiempo te hubiera transportado al centro de una ciudad veracruzana durante el siglo XVIII, en plena época virreinal, con sus pavimentos empedrados y acogedoras casas coloniales con portales arqueados. 
Fue construida entre los siglos XVIII y XIX, y tiene en el centro una glorieta estilo Art Decó que no rompe el encanto virreinal. En su tiempo, la plaza situada entre las calles Zaragoza y Abasolo, fue el lugar del mercado. Desde la plaza puede observarse la silueta del Cofre de Perote o Nauhcampatépetl, volcán extinto de 4.200 ms, que es la octava montaña más alta de México.
El templo de Santa María Magdalena aparece majestuoso en lo alto de la calle Hidalgo. La construcción de este templo de fachada neoclásica situado en la calle Hidalgo, entre las calles Juárez y Lerdo, fue realizada entre los siglos XVI y XIX.
A la portada de la iglesia se accede a través de una escalinata de dos decenas de peldaños y cuenta con dos torres gemelas y con cúpulas monumentales que fueron añadidas en el siglo XVIII. Dentro del templo sobresalen la imagen de Santa María Magdalena, patrona del pueblo, situada debajo de la figura de Cristo crucificado que preside el altar mayor. Igualmente, se distinguen las ventanas barrocas y otras bellas esculturas religiosas conservadas en el interior.
Al lado del templo de Santa María Magdalena, en el llamado Patio de las Palomas, hay una edificación anexa a la parroquia, que alberga el curioso e interesante Museo del Vestido. 
La muestra contiene más de 400 trajes que han sido vestidos por la santa patrona a lo largo de la existencia de la iglesia. Allí, solo está en exhibición una parte de la colección. La gran mayoría de los trajes, espléndidamente bordados y muy elegantes, han sido regalados a Santa María Magdalena por fieles agradecidos.
El emblema natural de Xico es este cerro de forma piramidal visible desde cualquier lugar del pueblo y que también es conocido con los nombres de Acamalin y San Marcos. Está cubierto de árboles cuyos follajes resguardan las plantas de café. Es frecuentado para la práctica de senderismo y los observadores de la biodiversidad lo visitan, especialmente por sus especies de aves. 
En torno al Acamalin hay una leyenda antigua; los campesinos que trabajan en sus faldas dicen escuchar ocasionalmente cantos y rezos de las hadas que habitan el lugar, produciéndoles severos escalofríos. Para ir al Acamalin hay que tomar la misma vía de la Cascada de Texolo.
Los cafetales de sus montañas no solo dan a Xico el prodigioso grano para hacer la aromática bebida; también proporcionan materia prima para trabajar una de sus líneas artesanales. De la raíz y las ramas de los arbustos de café y de los árboles de mayor tamaño, los artífices locales hacen bonitas figuras de adorno, fruteros, máscaras y otras piezas. La máscara de madera más popular es la de Santa María Magdalena y durante las fiestas patronales se ven distintas versiones, incluida la de la virgen con un sombrero de charro. También fabrican muebles de bambú, accesorios de cuero y piezas de alfarería.
Uno de los símbolos culinarios de Xico es el Xonequi, un platillo oriundo del pueblo. En los montes de Xico crece silvestre una planta de hojas acorazonadas que los locales llaman xonequi. Los cocineros de Xico preparan sus frijoles negros con esta hoja, desechando el uso de hierbas aromáticas, pero completando el delicioso guiso caldoso con unas bolitas de masa. Otro emblema gastronómico del Pueblo Mágico veracruzano es un mole local, que se prepara según la receta diseñada hace casi 40 años por Doña Carolina Suárez. 
Este mole se hizo tan demandado, que la empresa Mole Xiqueño, fundada para su producción, ya fabrica casi medio millón de kilos al año. Como buen veracruzano, el café de Xico es excelente.
Todo el mes de julio es de fiesta, en honor a la patrona, Santa María Magdalena. Las procesiones comienzan el mismo primero de julio, con las calles engalanadas con tapetes de aserrín pintado y arreglos florales, en medio de los fuegos artificiales, paseos de música, danzas y todas las demás diversiones de las ferias mexicanas. 
Cada año la Virgen estrena un traje nuevo, obsequiado por una familia de la localidad y uno de los eventos festivos es «velar el vestido» durante las noches de julio en la casa de los donantes. Otras tradiciones en torno a las fiestas de la Magdalena son los arcos florales y los espectáculos taurinos, particularmente la Xiqueñada.
La calle principal de Xico, entre la entrada del pueblo y la iglesia parroquial, es revestida con una colorida alfombra de aserrín por donde habrá de pasar la Virgen en procesión. La confección de este tapete durante las horas previas a su uso, es presenciada de manera entusiasta por lugareños y turistas. 
Otra hermosa tradición es la confección del arco floral obsequiado a Santa María Magdalena. Los vecinos responsables de la elaboración del arco se organizan por grupos y mientras algunos van a la montaña a buscar las lianas o bejucos que servirán para hacer el armazón, otros van a los alrededores de la laguna de Alchichica a recolectar flores de cucharilla para la decoración.
La Xiqueñada es un evento parecido a los sanfermines de Pamplona, España, y a la Huamantlada de Tlaxcala, en México. Cada 22 de julio, en el marco de las fiestas patronales, la calle principal Miguel Hidalgo es convertida en un encierro en el que se sueltan varios toros de lidia que son toreados por espontáneos que se lanzan a ejercitar sus dotes taurinas en busca de un poco de adrenalina.  Aunque el público es colocado detrás de barreras, el espectáculo conlleva sus riesgos, por lo que debes tomar las precauciones necesarias. Para la ocasión, algunas familias adornan sus casas con motivos taurinos y se escuchan muchos pasodobles, la música emblemática de la fiesta brava. Si te apetece la comida típica, debes ir a El Mesón Xiqueño, en la Avenida Hidalgo 148. Es un lugar agradable que ofrece las especialidades culinarias del pueblo, el mole xiqueño y el xonequi. Restaurante Los Portales también está en la avenida principal (Hidalgo), ofrece la mejor vista del centro histórico de Xico y la comida es deliciosa. El Acamalin y El Campanario de Xico también tienen en la carta las especialidades locales. En todos puedes disfrutar del aromático café cosechado en las faldas de los montes del pueblo.



jueves, 18 de julio de 2019

- Iglesias en zona Maya de México

En el sureste de México, se encuentra una región compuesta por pequeños pueblos habitados por descendientes mayas, que en su mayoría aún conservan muchas costumbres antiguas e incluso sólo hablan la lengua nativa. Además de ello, uno de los interesantes atractivos de la zona son las iglesias coloniales, que conforman la Ruta de las Iglesias… la unión de dos culturas. En Chiapas también encontramos una gran presencia de iglesias en zona indígena maya. Primero veremos las del sureste de México y en segundo momento las de Chiapas, apoyados por una investigadora.
Las iglesias en la Zona Maya son de los pocos vestigios coloniales que han sobrevivido al paso del tiempo y se han mantenido en pie a pesar de que en algunos casos, fueron víctimas de los encuentros de la Guerra de Castas en Yucatán.
Recorrer estos pueblos llenos de historia y tradiciones, donde se hacen presentes las huellas de la evangelización de la época de la colonia, con varias iglesias antiguas en ruinas y otras aun en condiciones de reunir a la gente varias veces a la semana o en ocasiones especiales; es una experiencia interesante y enriquecedora.
La Ruta de las Iglesias de la Zona Maya abarca las localidades de Chanchén Comandante, Felipe Carrillo Puerto, Tepich, Tihosuco, y San Antonio Tuk, dentro del municipio de Felipe Carrillo Puerto; al igual que los poblados de Huay Max, Sabán, Sacalaca, X-Cabil, y X-Querol, dentro del municipio José María Morelos.
En su mayoría las iglesias de la ruta son pequeñas y sobrias, algunas más antiguas que otras y cada una con características únicas. La iglesia en Tepich por ejemplo, tiene a un costado un cementerio maya amurallado.
Por otro lado la edificación más imponente de la zona es el Templo del Santo Niño Jesús o Ex convento de Tihosuco, el cual tenía retablos al óleo, una cruz dorada con mangas de terciopelo bordado en oro y seda.
Una de las iglesias más antiguas conocidas en el estado de Quintana Roo, se encuentra en Sacalaca, conocida como “la de los blancos” consagrada a la virgen María, pero no es la única iglesia en el pueblo, también se encuentra “la de los indios”. Tener dos iglesias en un mismo pueblo se hizo por las divisiones entre los conquistadores, que se clasificaron en blancos y criollos.
Para complementar la experiencia, es recomendable visitar los centros ceremoniales mayas católicos, espacios donde los indígenas realizan rezos, rituales, ceremonias y festividades. Estos se encuentran ubicados en Chancah Veracruz, Chumpón, Chunyaxché, Cruz Parlante, Tihosuco, Tixcal Guardia, y Tulum.
Identidades religiosas en la zona maya de Chiapas. La identidad religiosa en estas comunidades indígenas mayas de Chiapas tiene componentes sociales, ideológicos, de devoción y costumbre heredada de sus antepasados, así como de apropiación, reinterpretación y resistencia para sobrevivir como pueblo.
Una investigadora nacional nivel I detalla que las nuevas identidades religiosas no implican necesariamente un proceso de conversión profunda, sino que el cambio de adscripción religiosa puede obedecer a que las congregaciones funcionan como dispositivos para rodearse de un grupo de apoyo cuando migran, para dar solución a conflictos sociales, o bien a problemas personales que muchas veces relacionan con la salud, especialmente si se habla de alcoholismo, una enfermedad que suele ser frecuente en las comunidades mayas, donde el alcohol está muy presente en la interacción social y en la ritualidad.
Y es que, señala, las congregaciones religiosas han tenido un papel importante en la organización de la población indígena tras los movimientos de desplazamiento derivados de los conflictos inter e intracomunitarios, y la guerra de baja intensidad que siguió al movimiento zapatista. Las redes religiosas se convierten en fuentes de capital social y ayuda internacional, pues se trata de redes transnacionales que les vinculan a comunidades globales.
¿Por qué el fenómeno del cambio religioso está tan presente en Chiapas?
Influyen varias cuestiones, una de ellas es el campo vacío que, de alguna manera, deja la iglesia católica cuando es expulsada por los gobiernos liberales. A principios del siglo, la iglesia Reformada norteamericana decide que América Latina es tierra de misión y el área maya es elegida para hacer ese trabajo en México y Guatemala. A Chiapas empiezan a llegar los primeros misioneros que lo primero que hacen es aprender las lenguas nativas para traducir la Biblia a sus lenguas. Junto con ello les llevan también respuesta a los problemas de salud que agobian a la población.
Las identidades religiosas son dispositivos que tienen los pueblos acá, porque estamos hablando de un territorio en las márgenes del estado, una población mayoritariamente indígena, con altos índices de marginación y pobreza, de baja escolarización y pocas oportunidades de empleo.
Por otra parte, la población indígena es ajena tanto a la iglesia católica como a la protestante, porque tiene una religiosidad propia que le viene “de costumbre”, aquí hay una devoción y reverencia a los antepasados y su legado. En este legado juega un papel importante los componentes que vienen de su cultura, de su manera de entender su relación con las deidades; pero también su costumbre tiene la impronta de la religión católica, de tal manera que ellos no identifican su espiritualidad con ninguna religión, sino solo como su costumbre, la herencia de los antepasados.
La verdad es que los pueblos mayas no han sido católicos al estilo de la iglesia católica romana, no lo fueron, trataron de imponérselo pero los historiadores han dado cuenta de cómo aquí se seguían haciendo rezos en la montañas o en las cuevas, y todo eso era muy combatido por los religiosos.
La religiosidad tradicional, la manera en que el maya se relaciona con la idea de lo sagrado sigue perdurando. La religiosidad popular es fuerte y eso cada vez está más presente, porque el hombre maya es sumamente religioso, es un campesino vinculado a su milpa, a su tierra, a su montaña y manantial del agua, y si no le rezas a las fuerzas y espíritus que moran en estos lugares, a lo mejor hay sequía y no podrá tener su "maicito". Con la influencia de estas misiones evangelizadoras, la población dialoga porque así es la manera en que la población indígena se interna al mundo moderno global que llega a tocar a su puerta.
Empecé trabajando con las expulsiones religiosas en San Juan Chamula, me he concentrado en explorar la pluralidad religiosa entre la población indígena después de la expulsión de los sacerdotes a finales del siglo XIX, cuando hubo un florecimiento de la religiosidad popular indígena. Esto les permitió florecer al margen de la imposición institucional de la iglesia. Posteriormente empiezan a venir las misiones, primero llegan los presbiterianos, le siguen los pentecostales, que imprimieron la emocionalidad en el culto que a la fecha está presente hasta en la propia iglesia católica.
El cambio religioso lo sigo considerando a través de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, que es un tipo de misión porque prácticamente la iglesia católica desapareció a fines del siglo XIX. Se trata de una diócesis muy particular por la figura de don Samuel Ruiz, el obispo que participó en el Concilio Vaticano II, un prelado que fue influido por un pensamiento teológico crítico que emergió en un sector del sacerdocio latinoamericano y de todo un movimiento cristiano en donde está presente el pensamiento marxista, las utopías sociales y la justicia social, además de las corrientes de la educación popular en América Latina.
Los promotores de este pensamiento latinoamericano, entre ellos el obispo Samuel Ruiz, se plantean la importancia de estar al lado de los pobres, de los que sufrían injusticia. A don Samuel le tocó hacer su labor entre los mayas de Chiapas, es así que se da cuenta de la importancia del elemento cultural para hacer una iglesia autóctona, una iglesia indígena y empezó a ponerla en marcha con acciones pastorales y un grupo que integraba a varias comunidades religiosas al interior de la iglesia.
Ese pensamiento se sembró en las órdenes religiosas que actualmente están trabajando. Uno de los elementos que puede distinguir a esta diócesis es la importancia de lo que llaman “la misión profética de la iglesia”, que es entendida como la denuncia de injusticias. En la diócesis hay una organización de laicos vinculada a la iglesia llamada Pueblo Creyente, que tiene como misión encabezar luchas ciudadanas, es una poderosa organización que incluye 54 parroquias y abarca varias partes del estado.
Estoy enfocándome en la inculturación y el trabajo de las órdenes, porque en el campo católico no todo es lo mismo. Trabajo con los dominicos, una orden que también tiene presencia en Guatemala, y uno de sus superiores tuvo la idea de fundar una rama en Las Verapaces, región del norte de ese país. Se está propiciando un encuentro entre ambas regiones para discutir los desafíos de una pastoral indígena.
Ahora estoy trabajando en ello porque la orden de los dominicos ha priorizado la cuestión de denuncia de las injusticas, de protección a la población indígena y la inculturación de las lenguas y de entender su mundo.
Acabo de ir a Las Verapaces, es una de las regiones donde el conflicto armado guatemalteco fue terrible y que ahora están luchando en varias comunidades en contra de la construcción de hidroeléctricas al pedir que sean consultados, y los sacerdotes están acompañándolos en la defensa de sus derechos como pueblo.
En México, los dominicos están al frente de la evangelización indígena y realizan un trabajo importante vinculado con los pueblos y con la defensa de sus derechos, trabajando por los migrantes, incluso ya han fundado una casa del migrante. Además se está incentivando la aceptación de la manera indígena de relacionarse con lo sagrado, porque antes se les exigía que abandonaran toda idolatría, que no rezaran en el cerro o no hicieran limpias, y ahora la iglesia está respetando esa parte cultural, incorporándola más al culto.


martes, 25 de junio de 2019

- Danza de los Chinelos en San Juan Yautepec


San Juan Yautepec está situado en el Municipio de Huixquilucan (en el Estado de México). San Juan Yautepec está a 2816 metros de altitud. Su clima predominante es semicálido y semiseco, con una temperatura media que oscila entre los 6°C y 12°C. Su código postal es 52768 y su clave lada es 55. 
La Fiesta Patronal: Con gran colorido, alegría y fervor pobladores de San Juan Yautepec y de Zacamulpa celebraron la fiesta patronal anual para reafirmar los valores, las tradiciones, usos y costumbres de Huixquilucan. Los festejos dedicados a la Virgen de San Juan de los Lagos, que iniciaron el fin de semana pasado con muestras del espíritu de unidad y convivencia entre los distintos pueblos originarios del municipio.
Durante la el último día de los festejos religiosos se recibieron las imágenes de Santos de 19 comunidades como San Juan Bautista, San Martín Caballero, San Juan Yautepec, entre otros, mismos que fueron llevados por los lugareños en una procesión muy solemne por las principales calles del pueblo.
La danza de los chinelos
La historia del chinelo precede con el huehuenche, el personaje principal en los carnavales del centro de México, surgido desde finales del siglo XVII, en celebraciones de los pueblos de tradición náhua a lo largo del territorio novohispano.
En el siglo XIX, diversas identidades regionales aportaron elementos culturales propios. La historia del Chinelo es una expresión de la cultura campesina vinculada a las haciendas tal como lo son otras danzas como los arrieros, vaqueros, tecuanes, tlacololeros,etc.
Los disfrazados en la región, buscaron darle una identidad propia a su celebración; comenzando a recibir la denominación de tzinelohua, palabra náhuatl que quiere decir “movimiento de cadera”, derivando de ella el nombre contemporáneo, el chinelo.
El Presidente Municipal de Huixquilucan animó a participar en estas fiestas populares y colocó en su twitter estas aimégenes de las fiestas en San Juan Yautepec:
Población en San Juan Yautepec: En la localidad hay 4374 habitantes: 2104 hombres y 2270 mujeres. El ratio mujeres/hombres es de 1,079, y el índice de fecundidad es de 2.28 hijos por mujer. Del total de la población, el 34,73% proviene de fuera del Estado de México. El 2,56% de la población es analfabeta (el 1,19% de los hombres y el 3,83% de las mujeres). El grado de escolaridad es del 8.99 (9.36 en hombres y 8.65 en mujeres).
Cultura indígena en San Juan Yautepec
El 4,12% de la población es indígena, y el 1,39% de los habitantes habla una lengua indígena. El 0,00% de la población habla una lengua indígena y no habla español.
Los otomíes, una de las razas más persistentes, misteriosas y antiguas del suelo mexicano fue conquistada primero por las civilizaciones olmecas y luego por los nahuatlacos. Los de esta región fueron sometidos por Tlacopan, cuyo dominio abarcaba desde la orilla del lago hasta la cima de las sierras de Las Cruces. Los tecpanecas a su vez fueron derrotados por los mexicas y los acolhuaques y su principal asentamiento paso a ser Tlacopan, reconocida como uno de los miembros de la Triple Alianza.
Naturalmente que los vecinos inmediatos a los mexicanos sean los primeros que estaban destinados a sufrir las consecuencias de instituciones religiosas. Según el Códice Mendocino, en tiempo de Ixcoatl, al invadir Azcapotzalco es conquistado todo el territorio aledaño a Coaximalpan, Ocoyoacac y Uzquillocan.
Los aztecas no destruían las organizaciones políticas y sociales de los pueblos conquistados, sino que dejaban en el poder a los caciques locales siempre y cuando aceptaran pagar los tributos y plegarse a su dominio. En ocasiones imponían sus conceptos religiosos e introducían sus ritos y su lengua, por esta razón los pueblos ostentan nombres en náhuatl como Tecpan, Atliyacac, Xaxalpan, Yetepec, Mexicapan, Texcelucan, Ayotusco y Tecamachalco.
Cuenta la tradición que en esta época Huizquilloca, lugar de bosques rumorantes bañado de arroyuelos y abundante vegetación, gustó al último emperador Moctezuma Xocoyotzin quien mandó construir un palacio en el barrio de Tecpan.
En este tiempo los indígenas solían danzar en honor a sus dioses, especialmente a la Makame, formando grupos que recorrían montañas, valles y pueblos a los que más tarde se les llamó huehuenches.
En el siglo XVI se produce la conquista, y con ello se inicia la etapa denominada Colonial. El primero abarca de 1519 hasta más o menos mediados del siglo y se caracteriza por el triunfo de los intereses particulares de los conquistadores sobre el mundo indígena. Al iniciarse los tlaxcaltecas con los españoles enfrentaron a los mexicas con apoyo de otros grupos indígenas ya que Cortés había enviado a varios de sus capitanes a establecer alianzas o dominar militarmente algunos sitios. Muchos pueblos concertaron alianzas inmediatas y en prueba de su apoyo enviaron hombres para luchar contra los mexicas, entre ellos los otomíes de Cuatlalpan o sierra de Las Cruces.
La historia de Huixquilucan, está ligada a Hernán Cortés e Isabel Moctezuma. Cortés ejerció su influencia, aunque de modo indirecto, sobre la catequización de los indígenas y en otorgar en Encomienda Tacuba, a la que pertenecía Huixquilucan.
El Códice Techialoyan de Huixquilucan establece también una relación entre Cortés y el Primer Virrey Antonio de Mendoza, en virtud de sucesos como la llegada de la fe y la confirmación de títulos sobre la tierra, la demarcación de distritos y la asignación de santos patronos como reflejo directo de la congregación; señala además que en 1532 Totoquiahuatzin, gobernador de Tlacopan, acompañado de Chimalpopocatzin, nobles de Huixquilucan, visitó a los tributarios para trasmitirles la fe y repartirles tierras de contribución a las que les asignaron nombres de santos.
Por otra parte en 1580, la orden religiosa de los padres jesuitas creó un colegio de lenguas indígenas que inicialmente se pretendió fundar en Jesús del Monte, donde la orden tenía edificada una casa de descanso, pero el padre Hernán Gómez influyó para que el proyecto se realizare en el pueblo de San Antonio Huixquilucan, aprovechando que la parroquia había quedado vacante por la muerte del cura. Se instaló el colegio de lenguas y en tres meses de establecida la corporación en esta localidad, los padres salían a predicar en otomí, mazahua y matlazinca. Lamentablemente, la orden decidió trasladarse al pueblo de Tepotzotlán.
La Fiesta Patronal: Con gran colorido, alegría y fervor pobladores de San Juan Yautepec y de Zacamulpa celebraron la fiesta patronal anual para reafirmar los valores, las tradiciones, usos y costumbres de Huixquilucan. Los festejos dedicados a la Virgen de San Juan de los Lagos, que iniciaron el fin de semana pasado con muestras del espíritu de unidad y convivencia entre los distintos pueblos originarios del municipio.
Durante la el último día de los festejos religiosos se recibieron las imágenes de Santos de 19 comunidades como San Juan Bautista, San Martín Caballero, San Juan Yautepec, entre otros, mismos que fueron llevados por los lugareños en una procesión muy solemne por las principales calles del pueblo.
Con una misa dedicada a la Virgen de San Juan de los Lagos, los pobladores pidieron a la patrona de la comunidad por el bienestar de todos. Como parte de las actividades religiosas, los arrieros y concheros bailaron en el atrio de la Iglesia acompañados por música en vivo, juegos pirotécnicos, marco idóneo para que la población reafirme sus lazos de unión y sus raíces huixquiluquenses.
Cabe destacar que al reunir las diferentes imágenes religiosas de cada uno de las 19 localidades, símbolo de unidad, fervor, tolerancia donde conviven bajo el lema de “Pueblos Unidos” del municipio de Huixquilucan reforzando los lazos de amistad al compartir la comida en las casas con los familiares, vecinos y amigos.
Con estas festividades se abre la puerta para que los mexiquenses conozcan Huixquilucan y sus tradiciones que se celebran los días 15 de agosto y el 12 de diciembre de cada año, a conocer su riqueza cultural, sus paisajes en un ambiente sano para todas las edades con música, fuegos pirotécnicos y juegos mecánicos.
La danza de los chinelos
La historia del chinelo precede con el huehuenche, el personaje principal en los carnavales del centro de México, surgido desde finales del siglo XVII, en celebraciones de los pueblos de tradición náhua a lo largo del territorio novohispano.
En el siglo XIX, diversas identidades regionales aportaron elementos culturales propios. La historia del Chinelo es una expresión de la cultura campesina vinculada a las haciendas tal como lo son otras danzas como los arrieros, vaqueros, tecuanes, tlacololeros,etc.
Los disfrazados en la región, buscaron darle una identidad propia a su celebración; comenzando a recibir la denominación de tzinelohua, palabra náhuatl que quiere decir “movimiento de cadera”, derivando de ella el nombre contemporáneo, el chinelo.
Otra versión, según el profesor y nativo-hablante de Tetelcingo, Tirzo Clemente Jimenez, en lengua náhuatl existe la palabra Chinele, que proviene de las raíces chichiltek que significa rojo o colorado (referido al español por el color de su piel) y niele, expresión exclamativa de burla, por lo que se traduce como "¡Ay sí, se cree mucho ese colorado!
Durante las fiestas de carnavales, traídos por los españoles, quienes lo celebraban según sus costumbres, lo mismo en la capital como en las provincias y los pueblos.
En la obra de Don Alejandro Ortíz Padilla “Una aproximación al origen del Chinelo, su danza y música”, Don Brígido Santamaría Morales narra que:en Tlayacapan por el año de 1867, según le platicaron su abuelo y sus tíos, así como de muchos viejitos del pueblo, hubo la costumbre de chiflar. En el pueblo no había fiesta para la gente pobre sino puro trabajar en calidad de esclavos, como gente inferior, el pueblo en esos tiempos no era libre, los hacendados y los españoles que trabajaban en las haciendas eran dueños de todo, y en las fiestas de carnaval, estos abusivos, se adueñaban de todo el pueblo para celebrar las llamadas carnestolendas, disfrazados a su modo, vestidos de pantalonera negra a la rodilla, medias blancas, chaquetines cortos llenos de borlas y colgajos, con falda roja, capa y boina a la torera o grandes chambergos con plumas esponjosas, y bailando  “jotas aragonesas”, con antifaces en la cara, esto era andar los tres días del carnaval cantando y escandalizando en las calles con sus borracheras. 
Mientras el pueblo no hacía nada, sólo miraba, pero un día un grupo de muchachos y varones de edad adulta se reunieron en algunos lugares del pueblo y haciendo uso de su pensamiento en una gran discusión hablaron para buscar un juego, porque se aburrían mucho, pues eran jóvenes en la edad del “chincual”, de la inquietud, y los de mayor edad eran viejos alegres, por eso buscaban un juego en que todos se distrajeran en esos días que no tenían que ir a trabajar en los campos de las haciendas.
Los españoles ceden a los peones esos días de asueto, como un gesto de piedad y para ganar indulgencias, antes de entrar a la cuaresma con el miércoles de la ceniza. Por lo que el mestizo como desahogo por el mal trato y el mal pago que recibían de sus patrones en la Haciendas de: San Nicolás Tolentino de Pantitlán, Oacalco, San Carlos Borromeo y San Diego Huixtla, decidieron también divertirse en esa misma temporada, mofándose de los mismos patrones “gachupines” y es así como nace una cuadrilla integrada por los llamados Huehuentsin que quiere decir: -Viejo- o también llamados “Garroteros”, porque llevaban con ellos unas garrocheras con las que brincaban apoyándose en ellas, imitando de esta forma los actos de ligereza y atrevimiento que los españoles solían ver en las corridas taurinas.
También les dio por cargar animales disecados como: mapaches, iguanas, zorrillos, lechuzas y víboras, haciendo bromas pesadas a las hijas y esposas de los hacendados; otros cargaban muñecas viejas de trapo o de tsompantli, que hacían brincar en una batea, otros usaban vestimentas arremedando y ridiculizando al hacendado, al capataz, al agiotista y hasta al cura del pueblo, sin faltar también un personaje que se vestía con una bata de dormir de las señoras ricas de esa época. Como bandera utilizaban un chicol de carrizo al que ataban un trapo, esto era para señalar el recorrido de la cuadrilla por las calles del pueblo. Cabe mencionar que el ridiculizar al cura era debido a que se oponía a esta celebración además de prohibir el jaripeo, de echar cohetes y prender toritos.
Los Huehuentsin, para su recorrido, usaban “ropas viejas”, imitando al hacendado, al capataz, al agiotista y hasta al cura de la parroquia, ya que éste no les permitía que hicieran esa fiesta de los pobres, y también regañaba a la gente por asistir al jaripeo, además que les prohibía la quema de cuetes y “prender” toritos. Entre esa multitud de Huehues, hubo un personaje que se puso un camisón de dormir de las señoras ricas de esos años, ridiculizando así al español opresor a través de su esposa e hijas. En la espalda se colocaban a manera de capa, un trapo con frases obscenas dedicadas a los españoles; y para que no fueran objeto de castigo, al regresar al trabajo en los campos de las haciendas, disfrazaron su voz con falsete agudo, característica que conservan hasta la actualidad.
Así pues, el disfraz del muchacho que se vistió con una vieja sotana de cura, y de aquel que se puso una bata de dormir de las señoras ricas de esa época, fueron imitados de inmediato por los demás Huehues, ya que era muy fácil de hacerlas, echando mano de las viejas enaguas de mujer, ya que eran peones y no tenían dinero. Tiempo después, se comenzó a confeccionar con manta, por lo que se convierte ya desde ese momento en el dominó, es decir la bata, del disfraz representativo para el carnaval.
Entre algunos de los personajes que la tradición oral del pueblo de Tlayacapan recuerda como principales artífices en la construcción del disfraz, se recuerda a un señor llamado Santiago y apodado “el Barrabas”, se cuenta que este personaje tenía buen gusto, y decidió colgarle listones por dondequiera a su dominó. Por otro lado, Don Ángel Rojas, apodado “el Diablo”, decía que hubo también quien usó un domino con tres bandas con los colores de la bandera nacional,  ese es la base del domino que se usa actualmente en el disfraz de Chinelo. La máscara de malla de alambre fue hecha por un muchacho apodado “el Caramba”, que sustituyó a las caretas de cartón con barba de ixtle tipo Maximiliano, por otro lado, las plumas de guajolote que usaban los integrantes de la cuadrilla en sus sombreros, también se sustituyen por unos plumeros que hacían unas señoras apodadas “las Caltencos”, que les daban forma torciendo alambre con plumas de gallina que después pintaban, y el bonete eclesiástico usado por el muchacho que se disfrazó con la sotana vieja del cura, se suple por un sombrero arriscando su ala hacia arriba, adornado con figuras de abalorio y motivos aztecas tejidos con estambre.
Actualmente el disfraz de Chinelo es sencillo y de color blanco de algodón cuentan con franjas 3 azules, adornados con vistosas plumas en los sobreros. La vestimenta a pesar de los años ha luchado por conservar su originalidad sin sufrir modificaciones ya que se considera el traje típico y original en todo el Estado de Morelos.
Del disfraz de Chinelo, se derivian hasta ahora dos versiones:
·         -Tepoztlán: El traje es negro y bordeado con olanes blancos y marabú aterciopeladas del mismo color su sombrero es adornado con imágenes de historias indígenas con chaquira con alto detalle y calidad, chaquiron y canutillo, así como un volantón al oleo en la parte trasera. Se le ha denominado traje por su elegancia.
·         -Yautepec: Traje tradicional rico en colores, bordado en chaquira, chaquiron y lentejuela; usualmente son de exhibición ya que solo el danzante puede portarlo breve tiempo por su gran peso. Son las vestimentas más llamativas por su gran decorado.
·         -Siguiendo el rítmico y contagioso compás de la tambora, de los platillos y los instrumentos de viento que componen la banda, los chinelos "brincan" incansablemente por todo el pueblo, y contagian a quienes se encuentren a su lado.
      -Finalmente es en Yautepec donde se adopta también el traje de chinelo, con diferente estilo. Al pasar el tiempo se extendió esta práctica y hoy día se puede ver el brinco de los chinelos por todo el estado,-Los danzantes llevan un rico traje tradicional, que varía según el poblado, y en algunos casos suelen ser muy elaborados por su colorido, su realización y su manufactura. La danza divertida, festiva, alegre sigue el ritmo de las notas jocosas de las bandas musicales de pueblo; las danzas con su bullicio y colorido retumban al igual que los cohetes que son lanzados en cada momento. Todo esto motiva a realizar el famoso “brinco del chinelo” que es la danza típica de estas festividades de carnaval, una danza que ha logrado mantenerse con pocos cambios desde hace más de un siglo, y se celebra en diferentes fechas en las fiestas de carnaval de cada comunidad.
-Con el lema “Déjate Enamorar” el “Carnaval Yautepec” busca conquistar a cada uno de los asistentes con una baraja de actividades que ya son tradición durante la verbena popular yautepequense: desfile y concurso de viudas, coronación de la reina electa del carnaval, desfile de carros alegóricos, concurso de los típicos trajes de chinelo y el tradicional Baile de los Chinelos.
Los Chinelos son un emblemático personaje de la cultura popular con más de un siglo de antigüedad, pero que sigue vigente en la mayoría de las festividades de la región con su tradicional danza el Brinco del Chinelo.
Al ritmo de la música los Chinelos lucen el folclor de su vestuario que consiste de un sombrero, máscara, mascada, vestido, volantón y guantes, todo esto ornamentado con plumas, chaquiras y telas como encaje, seda y terciopelo.