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sábado, 23 de marzo de 2019

- El atrio y la 'cruz atrial' en México


El Atrio en las iglesias es un patio porticado situado a sus pies y que sirve de acceso.
Tras la conquista española de México, a principios del siglo XVI, llegaron a México diversos frailes (franciscanos, dominicos y agustinos) enviados por los Reyes Católicos para que evangelizaran a los indígenas.
Estos frailes se establecieron en el altiplano central y edificaron numerosas estructuras conventuales, compuestas por un templo, un convento y un atrio. En el atrio se congregaba a los indígenas, mientras se construía el templo y el convento; según las necesidades de la evangelización, fue adquiriendo una fisonomía específica al integrarlo al conjunto conventual por medio de una barda que lo delimita, y al incorporarle cuatro capillas posas en sus esquinas y una capilla abierta adosada al convento, y así el atrio cumple la función de un templo al aire libre.
En México el atrio fue una simple solución arquitectónica singular por las necesidades de la evangelización a partir de 1521. Dadas las altas cantidades de indígenas a evangelizar, los frailes  utilizaron el espacio del atrio como extensión de la nave de la iglesia, utilizando capillas abiertas en el atrio. Además, en los pueblos de indios fue el sitio central de la vida espiritual, siendo espacios donde también se impartieron clases sobre oficios diversos.
En las iglesias el atrio solía tener una fuente y unos soportales. El acceso era libre a cualquiera hasta el atrio, quedando el interior del templo reservado para los fieles.
El atrio de la iglesia da una atmósfera de paz, fe, tranquilidad, y es interesante estar ahí entre la vegetación de su jardín.
En los templos antiguos existían varios tipos de delimitación de los recintos sagrados externos a la propia edificación del templo, pero en torno a él. De hecho, en casos extremos, el templo podía reducirse a un mero altar en este atrio sin ninguna cubierta.
Muchas iglesias presentan un atrio a su entrada, aunque su forma y funciones son muy diferentes. Muy frecuentemente se usaba como cementerio. En general, suele estar señalizado con columnas y a veces con cadenas, marcando los límites del recinto sagrado. Las universidades, nacidas como instituciones eclesiásticas, también tenían tales recintos.
Los atrios de las iglesias, además de hermosos, son puntos de encuentro con la fe y la historia. Anteriormente tenían varias funciones, entre ellas delimitar el espacio sagrado o como cementerios. En el caso de la Nueva España, sirvieron como extensiones de las iglesias debido a la gran cantidad de personas que había por evangelizar.
Las cruces atriales son características en los territorios que fueron colonias españolas, en donde los habitantes estaban acostumbrados al culto en el exterior del templo y los misioneros destinaban un área amplia frente a la iglesia, en construcción, para el culto, en donde después de ya habilitada la iglesia se realizaban procesiones y otras actividades; denota la influencia del arte religioso prehispánico.

El atrio de la Parroquia de San Jacinto en San Ángel, al sur de la Ciudad de México, su cruz atrial es una de las primeras labradas en México, la cual sigue casi intacta desde que fue colocada en el siglo XVI. En ella se mezclan elementos cristianos y paganos interpretados desde el arte prehispánico.
Como esta cruz atrial hay muy pocas en México, es del Siglo XVI, por lo general son de cantera y el trabajo de las figuras en ella es totalmente indígena, lo que es denominado de estilo “Tequitqui”.
Las figuras de la cruz están relacionadas con la Pasión de Cristo. La cruz se encuentra en medio de una fuente circular y junto con la decoración florida que tiene se le relaciona con el “árbol de la vida” que estaba en el Paraíso. La fuente está dividida en 12 partes lo cual recuerda a los apóstoles. El hecho de que esté en medio de la fuente también puede tener un significado, pues puede ser una relación por medio del agua a la purificación y al bautismo.
En la parte inferior de la cruz se encuentran 4 figuras: las figuras son, un ángel alado con referencia a San Mateo, un águila, San Juan, un toro, San Lucas y un león, San Marcos.
En todo lo ancho y largo de la cruz se encuentran las llamadas: armas de Cristo, se pueden apreciar en la cruz: una bolsa con un número 30 en medio, que son las monedas de plata que se pagaron a Judas, el gallo que es la negación de Cristo y que también se usa como emblema de Cristo, unos azotes en forma de cruz, un haz de varas, por que se rifaron la túnica, y un látigo; representan la flagelación de Cristo. 
Una esponja y una caña que recuerdan al momento anterior a la crucifixión y representándola se pueden ver los clavos y el martillo. Un cáliz representa: el agua y sangre que sale de un costado de Cristo al ser éste lastimado por la lanza de un soldado. También se ven unas tenazas y una escalera que son símbolos del descendimiento de la cruz.
En cuanto a la iconografía Dominica se ven unas palmas, símbolos de la orden, así como de victoria, Ascensión e inmortalidad.
A los costados de la cruz se encuentran dos corazones, que son el símbolo más completo de revelación de Dios. Como metáfora al amor de Dios sobre los hombres generalmente los corazones están heridos o tienen fuego.
Se ven estrellas y una flor que son emblemas de la orden, aunque también la estrella puede ser el amor del santo a Cristo y la flor la devoción a la Santísima Virgen.
Al frente de la cruz se encuentra el rostro de Cristo crucificado de un claro estilo tequitqui. Hay que recordar que en ninguna cruz se va a ver el cuerpo de Cristo crucificado pues hubiera sido una contradicción al trabajo de evangelización y lucha contra el sacrificio humano.

Plaza e Iglesia de la Inmaculada Concepción o La conchita/ Coyoacán.
Esta iglesia en Coyoacán destaca por su gran jardín acompañado de una cruz atrial. Se cree que ésta fue la primera iglesia de la nueva España y que Hernán Cortés la mandó construir para su pareja y traductora, la Malinche. Como la propiedad tenía un gran jardín, Cortés pidió construir una Capilla sobre un altar tolteca que se encontraba en el sitio.

Cruz atrial se denomina, en las construcciones conventuales mexicanas, a las esculturas de cruces creadas por los frailes mendicantes en los atrios de las iglesias, señalando simbólicamente el centro de las poblaciones dada su disposición entre el eje longitudinal y transversal del atrio.
Al desarrollarse todas las actividades primordiales de la evangelización dentro del atrio, hubo la necesidad de crear un elemento central, un punto de referencia que por su contenido cristiano le diera sentido y unidad, tanto al espacio arquitectónico, como a las actividades religiosas desempeñadas en él, y que mejor que el emblema universal del cristianismo para encarnar esta función; así, desde los primeros tiempos de la colonia, la cruz se levantó majestuosa en el centro de los atrios.
Las cruces atriales eran esculpidas en diversos tipos de piedra, presentan la forma de cruz latina, miden de uno a tres metros de altura, sus cuerpos pueden ser cuadrangulares, octogonales, ovoides o tubulares, y la mayoría se encuentran levantadas sobre una gran base octogonal o cuadrada.
Las cruces atriales por lo general están colocadas sobre una peana o zócalo; poseen únicamente el rostro de Cristo, una cartela con la leyenda INRI en su parte superior, el señalamiento de los tres clavos en manos y pies de Cristo y la talla de los símbolos de la Pasión, como los clavos, el martillo con el que clavaron a Jesús, un gallo cantando sobre la columna de la Pasión, el cilicio del azote, la corona de espinas y los dados con los que jugaron a sortearse las ropas de Cristo sus ejecutores, entre otros. La decoración por lo general es de tipo fitomorfo, con enormes flores de lis y otros detalles florales en los que es perceptible la mano del escultor indígena, por la talla inspirada en elementos indígena y por ser muchas de ellas hechas de una sola piedra núcleo y denotar haber sido talladas con técnica mesoamericana, es decir, piedra con piedra. Actualmente se conservan un buen número de cruces atriales en las iglesias mexicanas originales y réplicas.
En ocasiones eran usadas como puntos de referencia para medir distancias entre las poblaciones
La originalidad y el valor que poseen estas cruces atriales, se debe a tres características:
1-La primera es su ubicación espacial. Al estar la cruz en el centro del atrio, como eje del espacio sagrado, como ordenadora y organizadora de la realidad cristiana, era el testimonio material de la voluntad de los misioneros de fundar en estas tierras un cristianismo primitivo que giraría alrededor de la figura de Cristo y de sus enseñanzas.
2-La segunda es su peculiar decoración, que va de acuerdo con su finalidad didáctica. La presencia de Cristo a través de la cruz fue enriquecida al plasmar en ella no Su imagen sino los símbolos de Su pasión, muerte y resurrección. Es importante destacar que ninguna cruz atrial es igual a otra, ya que en ellas varía la cantidad de símbolos y su disposición y en algunos casos pueden presentar remates esféricos, vegetales o florales.
3-Finalmente, la tercera y más relevante característica es que las cruces atriales son una muestra viva del sincretismo cultural que se gestó a raíz de la conquista. Aunque a cargo de los frailes, las cruces atriales fueron elaboradas en la mayoría por los indígenas y esto les posibilitó imprimir en ellas su propia sensibilidad y resguardar parte de su tradición escultórica. El encanto que poseen las cruces atriales del siglo XVI se debe en gran medida a las cualidades plásticas que les otorga la mano indígena.
Como señala el padre Arturo Schroeder Cordero en su artículo "Las funciones del atrio conventual en el sesquicento mexicano", las cruces fueron hechas en un principio de madera y después en piedra, dado que estos fungían como pararrayos, como fue el caso de la enorme cruz atrial del convento de San José de los Naturales en la Ciudad de México, que fue partida en dos por un rayo a principios del siglo XVI.


jueves, 7 de marzo de 2019

- Oclotan, en Tlaxcala

La Basílica de Ocotlán es uno de los templos más hermoso que puedes visitar en la ciudad de Tlaxcala, esta verdadera joya virreinal de estilo churrigueresco, tiene sus orígenes en el año de 1687, la culminación de su construcción data del año 1790, 
sus atractivos son muchos y a continuación damos un vistazo a todo lo que ofrece este rincón de Tlaxcala. 
Debido a que el pueblo de Ocotlán era un lugar abundante de ocotes frondosos, pues su nombre se compone de dos palabras en náhuatl: ocotl, 'Ocote' y Tlatla, 'arder', de las que resulta Ocotlán y que significa “El Ocote que Arde”. El tema ha llamado ponderosamente la atención de los pintores ocotlanences como son: Juan de Villalobos, Manuel Caro, Dávila Tagle, y el muralista Desiderio Hernández Xochitiotzin quienes lo han representado como una Teofanía de la Virgen María al pueblo tlaxcalteca.
El conjunto arquitectónico se encuentra emplazado sobre una colina en las inmediaciones de la Ciudad de Tlaxcala. La fachada con sus torres son de las más delicadas que se pueden apreciar, el conjunto llama mucho la atención desde lejos; en torno a él se abre el valle de Tlaxcala con sus impresionantes montañas como son la Malintzi y hacia el poniente, el Popocatépetl y el Iztlaccihuatl. 
El conjunto se complementa con dos edificaciones: la Capilla de Guadalupe, que hoy se ocupa como baptisterio y en la que se pueden apreciar cuatro vitrales alemanes y al extremo opuesto el portal de peregrinos.
Los habitantes del pueblo de Ocotlán cuentan de acuerdo a la tradición que en la primavera del año de 1541 un joven indígena al cual nombraron Juan Diego iba subiendo por la ladera occidental del cerro de San Lorenzo y penetró en el bosque de ocotes que en aquel tiempo existía junto a una barranca. Ahí salió a su encuentro una mujer quién le saludó y preguntó ¿A dónde vas? Se dice que el joven indígena le respondió que iba por agua para sus enfermos de la peste que en ese tiempo invadió a los indígenas tlaxcaltecas dañándolos de muerte. De acuerdo a la misma tradición aquella misteriosa mujer era la Virgen María; misma que lo llevó al encuentro con aguas curativas en una quebrada de la vertiente del cerro junto a una barranca. Así el joven indígena llevó del agua para sus enfermos próximos a la muerte quienes se curaron inmediatamente e informó su encuentro con Zoapilzin (señora mujer) así como sus palabras de avisar a religiosos del lugar del encuentro donde hallarían una imagen de ella la cual debían colocar en la capilla de San Lorenzo.
Se dice que los franciscanos fueron al lugar donde encontraron un corpulento ocote ardiendo sin consumirse donde después a golpe de hacha lo abrieron para descubrir la imagen de la Virgen María y la llevaron a la capilla y la situaron en el lugar del titular.
El atrio: Enmarcando la fachada de Ocotlán conforma una amplia explanada de 50 por 70 metros, circunscripta por un muro cubierto por ladrillos rojos hexagonales con ensambles blancos. Consta de 26 arcos invertidos entre pilastras enfloradas y con una crestería de 48 agujas que corona gallardamente y se comunica por seis entradas cada una con su respectiva reja, faroles artísticos y ángeles de medio cuerpo.
En la entrada principal se encuentra el grupo escultórico de la Virgen y a sus lados Juan Diego y una madre ofreciendo a su hijo. Se pueden observar dos fechas 1541 año de la supuesta aparición de la Virgen y 1957 el cincuentenario. También se aprecian escudos de Pio XII y de Ovtavio Márquez, arzobispo de Puebla, pues Tlaxcala dependió de su episcopal hasta 1959. Al frente cuelgan dos faroles de fierro forjado que trajeron del Poniente de Alvarado, en México que fueron obsequiados a Don Luis Munive.
La fachada y las torres: Esta semeja a un retablo cubierto por una concha. Como todas las fachadas de arte sacro, cumple una función didáctica, para que el pueblo, a través de símbolos y figuras, entienda los misterios de la fe que profesa. Construida con ladrillo recortado y recubierto por argamasa (cal y arena), y para darle un colorido blanco, le aplicaron lechada de cal; realizada con la finura y color del alfeñique (dulce de Almendra) por verdaderos maestro en el arte de la yesería propio de la región, que muestra en conjunto mucha simetría y equilibrio. Debió construirse entre 1760 y 1790.
Se considera como la cumbre del barroco churrigueresco, admirada y elogiada lo que ha llevado a su reproducción en varios libros de arte.
“La fachada de Ocotlán, es la más ligera, esbelta, aérea, que ningún artista barroco pudo imaginar jamás hasta que llegó este genio que la plasmó”.
El punto de convergencia de esta fachada es la ventana-coral en forma de estrella en la que destaca la figura aérea de la Virgen.
Las torres gemelas tiene una altura de 33 m y encuadran la gran fachada. Ambas torres culminan en lo alto con una cupulita con linternilla, en donde se anclan respectivamente dos magníficas cruces de hierro forjado. Sus bases de planta mixtilínea, tapizadas de ladrillos exagonales con empalmes de cal, su ornamentación se produce en ambos campanarios ambientando con un fuerte y cálido colorido. El total de columnas en ambas torres es de cuarenta, mas 24 florones o remates, su construcción data del último tercio del siglo XVIII. El tema de las torres es el de Eucaristía y por esta razón las columnas cilíndricas se adornan con parras y uvas.
El retablo mayor: Éste se extiende bajo la cúpula y los arcos torales con la idea de que cuando se ilumina se asemenje al ocote en llamas. De cerca se aprecia como un bosque de columnas y un jardín de plantas y flores. Al fondo, en la parte central, se localiza la Reliquia de la Virgen de Ocotlán en un nicho de cristal.
El magnífico retablo, se encuentra en el ábside y cubre los muros en su totalidad, formando una barroca gruta dorada de gran unidad de estilo. Se compone de dos cuerpos, un remate y una pequeña bóveda que lo corona. En su hechura se utilizó madera de cedro y oro de 23 kilates. Consta de 28 columnas estipte con capitel corintio. Dos cornisas de muchos quiebres lo atraviesan. Los nichos tienen en común una rica peana y un doselete en forma de concha.
Es formado por un jardín de hojas, flores y frutas. Se observan innumerables conchas, cadenas de florecillas, guirnaldas de granadas, festones ondulantes, cestas con arreglos vegetales. En el arco Toral cinco espejos llevan grabadas las letras del nombre de María.
La "habitación de la Virgen de Ocotlan"
Detrás del Altra principal, atravesando la sacristia se llega a la "habitación de Nuestra Señora" o capilla de la Virgen María. Obra magnifica del arte barroco, donde se puede admirar la gran cúpula:
En dicha sala encontramos una gran mesa de madera trabajada, una amplia silleria y las grandes pinturas que muestran los misterios de la ida de la Virgen.

El Pocito de aguas santa y curativa
También es muy conocido “el pocito”. Se encuentra a unos 400 metros del Santuario de Ocotlán, así que es fácil llegar caminando. En ese lugar la gente puede ir a tomar agua, que según los creyentes, posee un poder curativo.
La historia se centra en un indígena tlaxcalteca, curiosamente de nombre Juan Diego Bernardino, el cual buscaba remedios naturales para curar a la gente de su pueblo Santa Isabel Xiloxochitla de la peste de viruela que lo aquejaba.
Según la tradición, fue el 27 de febrero cuando se le apareció la Virgen; una mujer vestida de “huipil y titixtle”, que prometió al hombre un remedio para sanar a su gente, lo llevó hasta un manantial, del cual obtuvo el agua milagrosa, con la que pudo salvar a su pueblo.
También le dijo, que los franciscanos debían buscar una imagen suya en el interior de un ocote, lo cual ocurrió días más tarde, y que deberían llevarla a la pequeña iglesia dedicada a San Lorenzo, ubicada en la cumbre de la misma loma; así ocurrió, solo que el párroco no estaba de acuerdo en cambiar la imagen, por lo que las intercambiaba por las noches, encontrándolas siempre en la forma en que la virgen había querido. Esto se repitió tres veces, hasta conservarla hasta el momento en el altar mayor.
El famoso manantial se encuentra a 400 metros del Santuario de Ocotlán, que a su vez se encuentra a unos pasos de la Capilla del Pocito.
Ahí la primera obra que se realizó fue un muro de contención a finales del Siglo XVII mismo que después se derrumbó así como una capilla de planta cuadrada que se construyó entre 1892 y 1896.
 Actualmente existe una capilla cuya edificación data de los primeros años de este siglo y que aún conserva su antigua arco situado a la entrada. En ella se encuentran un lienzo de Isauro G. Cervantes de 1913 y Murales desarrollados por Desiderio Hernández Xochitiotzin y Pedro Avelino conde narran episodios bíblicos relacionados con el agua del Lugar.
A los alrededores se pueden conseguir los tradicionales patos rojos donde se acostumbra a llevar agua del pocito.
La Virgen de Ocotlán recorrió las calles de la ciudad de Tlaxcala
Como cada año, desde su milagrosa aparición en tierras tlaxcaltecas, en un árbol de ocote, el 27 de febrero de 1547, la virgen de Ocotlán descendió este lunes de la basílica de Ocotlán, para recorrer las principales calles del centro de Tlaxcala, miles de peregrinos la acompañan durante su recorrido entre alfombras multicolores, cánticos y alabanzas.
Luego de ser bajada de su nicho, la Virgen de Ocotlán inicio su recorrido a las dos de la mañana, dirigiéndose al mercado municipal de Tlaxcala, de ahí hacia ls parroquia de San José, en el centro de la ciudad.
Posteriormente la procesión arribó al Hospital General, luego hacia la Central Camionera y alrededor de las nueve y media de la mañana se dirigió a la Iglesia Catedral del Ex convento de San Francisco para la celebración de la eucaristía.
Luego de la eucaristía entre expresiones de júbilo y alegría de todos sus fieles en la catedral, se dirigió hacia el zócalo de Tlaxcala, lugar en el que le esperaban alfombras de aserrín y flores para engalanar su trayecto.
Después tomo rumbo hacia el “Pocito de Agua Santa” y de ahí a la celebración eucarística en la Basílica de Ocotlán, presidida por el obispo Julio Cesar Salcedo Aquino, con la participación de religiosos, religiosas y diáconos de las parroquias de la Diócesis de Tlaxcala.



- Los tres niños santos de Tlaxcala

Los Niños Mártires de Tlaxcala (Protomártires del continente Americano) fueron los primeros laicos católicos americanos que sufrieron el martirio en defensa de la fe católica dentro del territorio mexicano. Nacieron entre 1514 y 1517, en Tlaxcala, México.
El Obispo de Tlaxcala, Mons. Julio César Salcedo Aquino, señaló que Cristóbal, Antonio y Juan deben ser un modelo “para todos los mexicanos y para el mundo”.
“Tlaxcala fue la cuna de la evangelización, donde llegaron los franciscanos. Ellos fundaron la escuela franciscana de catequesis, de evangelización. Los Niños participaban de ella y comenzaron a crecer en la fe y supieron asumir profundamente todos los procesos de conversión”, destacó. “Al recibir la semilla del Evangelio sintieron la necesidad de compartir lo que habían descubierto, y desde allí anunciaron el Evangelio. Después llegó el martirio primero de Cristóbal y luego de los otros dos”, manifestó.
Los nombres de los tres niños eran Cristóbal, Antonio y Juan quienes fueron de los primeros evangelizados por los frailes franciscanos y dominicos inmediatamente después de la conquista, aunque no se sabe con exactitud su fecha de nacimiento, se sabe que murieron Cristóbal en 1527 y Antonio y Juan en 1529.
Fray Julián Garcés, primer obispo en la Nueva España, sostiene a un indígena con los Niños Mártires de Tlaxcala detrás de él y otros elementos pintados por Desiderio H. Xochitiotzin en el Palacio de Gobierno de Tlaxcala.
En el Estado de Tlaxcala en México existen tres niños ejemplares que a partir de una fe total y muy firme nos muestran que defender su causa es tenerle amor a Dios; como lo decía San Agustín “No es el sufrimiento, sino la causa, lo que hace auténticos mártires, el mártir no defiende su vida sino su causa que en su convicción religiosa, su fidelidad a Dios y a sus hermanos y esta se defiende muriendo”. A continuación recordaremos el martirio que recibieron estos tres niños Tlaxcaltecas.
Cristóbal nacido en Atlihuetzía, Tlaxcala aproximadamente en 1515 hijo de Acxotécatl quien era el cacique principal, esto es, que después de los cuatro señores en jerarquía seguía él. Acxotécatl tenía cuatro hijos, de los cuales Cristóbal era el hijo mayor y el predilecto. Cristóbal aprendía mucho de la doctrina cristiana al escuchar a los Frailes así que pidió el bautismo el cual le fue administrado días después. Al igual que los Frailes predicaba constantemente a su padre y a sus vasallos, sin embargo su padre no lo tomaba en cuenta, así que comenzó a tirar y romper los ídolos de su padre así como el pulque con que se emborrachaba su padre y sus vasallos; al ver esto, sus criados le dijeron a Acxotécatl el cual enojado decidió quitarle la vida, así que lo tomo de los cabellos, lo tiro al suelo y le dio crueles golpes y con un palo grueso de encina le dio muchos golpes por todo el cuerpo hasta fracturarle los brazos, piernas y las manos con que se defendía la cabeza, tanto que casi de todo el cuerpo corría sangre mientras Cristóbal invocaba a dios diciendo: “Dios mio, tened misericordia de mí, y si tú quieres que yo muera, moriré; y si tú quieres que viva, libradme de mi cruel padre” Viendo que el niño seguía vivo lo mando a arrojar a una hoguera, lo apuñaló y el niño le dijo a su padre: “No pienses que estoy enojado, porque yo estoy muy alegre, y sábete que me has hecho más honra de los que vale tu señorío”.
Antonio y su criado Juan. Dos años después del martirio de Cristóbal, llegó a Tlaxcala un Fraile llamado Fray Bernardino Minaya, con otro compañero, los cuales iban encaminados a la provincia de Huaxyacac y le pidieron a Fray Martín de Valencia que les diese algún muchacho para que les ayudasen a la misión evangelizadora. A esta petición de ofrecieron inmediatamente Antonio y su criado Juan (provenientes de Tizatlan, Tlaxcala). Al llegar a Tepeyacac Fray Bernardino Minaya envió a los niños a que buscasen por todas las casas de los indios los ídolos y se los trajeran. Ellos conocían perfectamente el lugar y por ser niños, podían realizar tal empeño sin que peligrasen sus vidas. Para realizar la encomienda se alejaron un poco más de lo determinado a buscar si había más ídolos en otros pueblos.
Y es en Cuahutinchan, Puebla, cuando entrando en una casa y destrozando los ídolos, vinieron dos indios, con unos leños de encina, y sin decir palabra, descargaron su furia sobre el muchacho Juan. Al ver Antonio la crueldad con que aquellos ejecutaban a su criado, no huyó, sino que echó en el suelo unos ídolos que tenía, pero ya los dos indios tenían muerto a Juan, y luego hicieron lo mismo con él.
Es por eso que el trabajo evangelizador que desarrollaron los santos Tres Niños Mártires de Tlaxcala, a pesar de su corta edad, pero llenos de amor y de Fe por llevar la Nueva Buena encontraron la muerte al defender su causa. Así que siempre recordemos que todos (sin excepción alguna) estamos llamados para trabajar en la viña del Señor.
Oración: Oh Padre misericordioso, adoro profundamente tu bondad infinita, por la fortaleza que le diste a los Santos Niños Cristóbal, Antonio y Juan, quienes al principio de la evangelización de México, a pesar de sus pocos años, llenos de fe y amor por extender tu reino y sin miedo a los sufrimientos con su palabra y martirio nos dejaron una fe firme y sincera. Concédenos por la intercesión de los Protomártires de América una transformación profunda en la Iglesia de hoy, que nos lleve a vivir con alegría la fe de Cristo para anunciar con nuestra vida diaria la verdad del Evangelio.
Por Jesucristo nuestro señor. Amén.