jueves, 18 de agosto de 2016

- La Tuna, y las Pirámides de México-Teotihuacan



Feria Nacional de la Tuna
Desde 1973 se realiza en este municipio la Feria Nacional de la Tuna, con el objetivo de promover el fruto del nopal y las distintas maneras de elaborarlo.
En la espera de la XLI edición de la feria, en donde se cuenta con espectáculos de música, danza y teatro gratuitos, además de que muestra productos elaborados con nopal, tuna y xoconostle, entre ellos agua, mermeladas, licores, dulces, atoles y ates, así como cremas para el cuerpo y rostro.
También participan artesanos del municipio expertos en el tallado de madera y obsidiana negra, plateada y roja, materiales con los que crean figuras teotihuacanas, aztecas o mayas.
El primer evento previo a la feria de la tuna es la elección de la Reina de la Feria, en donde muchachas lindas del municipio compiten, por medio de su belleza y de su conocimiento de los productos agroindustriales y turísticos de la región. 


Desde 1973 se realiza en este municipio la Feria Nacional de la Tuna, con el objetivo de promover el fruto del nopal y las distintas maneras de elaborarlo.
Las danzas que se presentan y de mucho renombre por esta región son: “Los Alchileos”, “Moros y Cristianos”, “Los Serranitos “.
Danza "Los Alchileos"
Las fiestas que identifican al municipio y que predominan en la región son: en la cabecera se festeja el 8 de mayo al señor de “ECCE-HOMO”, en Julio-Agosto la feria nacional de la tuna, el 8 de septiembre Sagrado Depósito, el 2 de noviembre los fieles difuntos, el 11 de noviembre “Fiestas Patronales”.
SAN MARTÍN DE LAS PIRÁMIDES, Edomex.- Con la participación de productores de la región de las Pirámides, se realizará la Feria Nacional de la Tuna. Los asistentes podrán encontrar alimentos como mermeladas, nieves, dulces, tortillas, licores y endulzantes con bajo valor calórico elaborados con la tuna, nopal y xoconostle; asimismo, podrán adquirir artesanías típicas de la región elaboradas con obsidiana, barro, vidrio soplado y madera.
Cabe mencionar que en el Estado de México se cultivan cuatro variedades de tuna, entre ellas la roja, amarilla, blanca y tapona, así como nopal verdura en 17 mil hectáreas, lo que representa el 99 por ciento de la producción nacional que genera una derrama económica anual de 500 millones de pesos.
Asimismo, más de 5 mil productores de la región de las Pirámides se dedican al cultivo de tuna, nopal y xoconostle, por lo que en este tipo de ferias se fomenta la comercialización de los productos elaborados en la zona para incrementar la derrama económica y contar con mexiquenses más productivos.
Son muchos los   que se programaron en la Feria Nacional de la Tuna 2016, como la exhibición y venta de productos de tuna, eventos  , presentaciones de ballet, danza prehispánica, danza de alchileos, grupos  , bailes modernos, enanitos toreros, rondalla magisterial, exhibición ecuestre y juegos mecánicos.

El pueblo de San Martin de las Pirámides
Se localiza al noreste del Estado de México a una distancia de 40 kilómetros al Distrito Federal y se encuentra cerca del municipio de Tecamac. Posee una superficie de 70 km² y una altura de 2.300 msnm. Cuenta con una población total de 24.851habitantes.
Se cuenta como monumento histórico a la parroquia de San Martín Obispo de Tours, la Iglesia Ecce Homo y a la Zona Arqueológica de Teotihuacán, sin olvidar que en bello pueblo existen casas muy antiguas hechas de piedra. La ex-hacienda Cerro Gordo (en la cabecera Municipal), Las grutas en el Cerro Gordo, El parque nacional de Cerro Gordo (ubicado en la cima de este volcán muerto) La capilla estilo barroco de Santiago Tepetitlán.
Artesanias
Se trabaja la obsidiana, barro, alpaca, plata, cuarzo, ónix, piedras preciosas y semi preciosas, el tallado de madera ha llegado a tener una calidad sobresaliente y reconocida a nivel nacional e internacional, también se cuenta con la pirotecnia y las artesanías de jade serpentino guatemalita y venturina.
Comunidad Ixtlahuaca
Esta comunidad cuenta alrededor de 1000 habitantes aprox. es de clima templado y húmedo con escasa vegetación. La actividad económica del lugar es propiamente del campo se dedica la gente a la producción de nopal, tuna, xoconostle, siembra de maíz, cebada, trigo, alfalfa, frijol, habas, calabaza y hortalizas. Cuenta con escuelas rurales de alto nivel académico, consultorio medico y otros servicios.

lunes, 15 de agosto de 2016

- Cinco joyas espirituales del legado maya


Los lugares arqueológicos más famosos del sureste mexicano

1-Chichen Itzá y la serpiente creada por el sol

Hace más de 4.000 años, los mayas dejaron en América un legado aún admirado por su exactitud en los cálculos matemáticos, construcciones arquitectónicas asombrosas y rituales misteriosas. En el sureste mexicano, concretamente en Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán, vieron nacer la grandeza, la sabiduría y el esplendor de esta cultura milenaria y conservan hasta hoy un patrimonio invaluable que hay que visitar, al menos, una vez en la vida.
Chichen Itzá es el más famoso de los sitios arqueológicos mayas de Yucatán. Declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco y una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo, este sitio arqueológico tiene un área de 6,5 kilómetros cuadrados y se puede visitar en un día. Destacan la Pirámide de Kukulkán, una enorme piedra de 25 metros que muestra el calendario maya, y el Cenote Sagrado, que fue usado para ceremonias, entre las que se incluían sacrificios humanos.
Chichen Itzá y la serpiente creada por el sol: Cada año, durante los equinoccios de otoño y primavera, el sol crea la ilusión de una serpiente ascendiendo o descendiendo por las escaleras de la Pirámide de Kukulkán, donde se reproduce en un espectáculo de luz y sonido que atrapa cada año a miles de turistas.

2-Ek Balam, una antigua ciudad muy valiosa

Ek Balam o Estrella Jaguar es una de las zonas arqueológicas mejor conservadas en Yucatán. Ek Balam fue una ciudad muy importante que llegó a tener 15.000 habitantes. Destacan su magnífico arco maya, la tumba de un importante rey, que se asemeja a la boca de un monstruo, y un enorme friso con esculturas de forma humana.
También podrás observar los cinco caminos blancos o sacbés trazados a lo largo de la selva, así como las tres murallas que la resguardaban de posibles invasiones; lo cual resalta la importancia estratégica de este lugar.

 Atrévete a subir a la cima de la acrópolis, desde donde podrás divisar la zona arqueológica de Cobá, en Quintana Roo. Además, si llevas traje de baño podrás darte un chapuzón en el cenote X’Canché.
3-Uxmal, ruinas majestuosas en la selva

En un terreno montañoso y en plena selvaUxmal es una de las ciudades antiguas más pintorescas en la región Puuc, que significa «colinas» en el maya yucateco. Declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad, fue uno de los asentamientos mayas más importantes en Yucatán. 
Aunque a diferencia de otros lugares, este carecía de fuentes naturales de agua y, es por este motivo que el dios de la lluvia, Chaac, era especialmente venerado.Las ruinas de Uxmal albergan una población de enormes iguanas por lo que es habitual encontrárselas reptando por los antiguos templos. Por último, subiendo a la cima la Gran Pirámide puedes obtener unas preciosas vistas panorámicas que te dejarán sin respiración.

4-Tulum, un multidestino lleno de estrellas


Tulum ofrece al visitante la posibilidad de disfrutarlo por tres. Aquí se conjugan cultura, historia y una de las mejores playas de México. Tulum es la única zona arqueológica que se asienta a la orilla del mar. Esta antigua fortaleza maya destaca por El Castillo, que se encuentra al borde de un acantilado ofreciendo un contraste precioso con el color turquesa del mar.

 La ciudad fue un importante centro de observación astronómica y todavía hoy es un escenario privilegiado para la contemplación de las estrellas. También merece la pena apreciar la diversidad de su flora y fauna. Si quieres verlo menos masificado, la mejor opción es visitarlo un martes por la mañana.

5-Calakmul, un maravilloso mar verde


Localizado en la frontera oriental de Campeche con Quintana Roo, esta inmensa reserva, que ocupa el 15% del territorio de Campeche, abarca la mayor extensión de selva tropical en México. Con 723.185 hectáreas, se trata de una de las mejores oportunidades eco-arqueológicas para admirar el mundo Maya.
Los números respaldan su impresionante flora y fauna: 400 tipos de mariposas, 282 especies de aves, 86 tipos de mamíferos (entre los que se encuentran el jaguar, el puma o el mono araña), 50 especies de reptiles y 73 clases de orquídeas silvestres. 
La reserva fue creada en 1989 y sirvió como un gran experimento de protección ecológica. El sitio fue el principal rival del poderoso Tikal, en Guatemala. En Calakmul se han encontrado ricas criptas funerarias y hasta 6.000 edificios, aunque no han sido excavados todos. La Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en el año 2002.
 * Ver tambien en este Blog: 

jueves, 4 de agosto de 2016

- El Templo Mayor de México-Tenochtitlan

El Templo Mayor y el Recinto del Templo Mayor eran el centro de la vida religiosa mexica(*) y uno de los edificios ceremoniales más famosos de su época, ubicado en lo que hoy es el centro de la Ciudad de México.
*Mexica es el término que se utiliza para referir a los habitantes de Tenochtitlan, una ciudad construida en el siglo XIV en una isla en el Lago Texcoco –conocida actualmente como la ciudad de México–. Muchas veces, los términos azteca y mexica se usan como sinónimos, pero su significado es distinto. Azteca es un término más general que se refiere en conjunto a todos los pueblos cuyos orígenes se atribuyen a un legendario lugar llamado Aztlán. Estos grupos incluyen los mexicas, los tepanecas, los chichimecas, los xochimilcas y otros. Todos los grupos aztecas hablaban náhuatl.

Templo Mayor de los mexicas, el sagrado edificio que fuera destruido tras la conquista de la metrópoli indígena, y cuyos restos habían permanecido ocultos durante cuatro siglos bajo los cimientos de las construcciones virreinales y decimonónicas del centro de nuestra ciudad capital. 

Según la tradición, el Templo Mayor fue construido justo en el sitio donde los peregrinos de Aztlán encontraron el sagrado nopal que crecía en una piedra, y sobre el cual se posaba un águila con las alas extendidas al sol, devorando una serpiente.


 Este primer basamento dedicado a Huitzilopochtli, aunque humilde porque fue construido con lodo y madera, marcó el principio de lo que con el tiempo sería uno de los edificios ceremoniales más famosos de su época. 
Uno a uno los gobernantes de México-Tenochtitlan dejaron como testimonio de su devoción una nueva etapa constructiva sobre aquella pirámide, y si bien las obras sólo consistían en adosarle taludes y renovar escalinatas, el pueblo podía constatar el poder de su gobernante en turno y el engrandecimiento de su dios tribal, el victorioso dios-sol de la guerra.

Pero los mexicas no podían olvidarse de los demás dioses, pues todos ellos propiciaban la existencia armónica del universo, equilibrando las fuerzas de la naturaleza, produciendo el viento y la lluvia y haciendo crecer las plantas que alimentaban a los hombres. 

Así, una de las deidades principales, que alcanzó una jerarquía similar a la de Huitzilopochtli, fue Tláloc, el antiguo dios de la lluvia y patrono de los agricultores; por ello, y con el transcurrir del tiempo, aquel sagrado edificio, “hogar de Huitzilopochtli”, tuvo la forma de una pirámide doble, la cual sustentaba en su cúspide dos habitaciones que funcionaban como los adoratorios máximos de ambas deidades.



Las más recientes investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en las ruinas del Templo Mayor edificio muestran por lo menos siete etapas constructivas, de las cuales sobresale aquella que se realizó durante el gobierno de Huitzilíhuitl, segundo tlatoani de Tenochtitlan; 

de esa etapa se conservan los muros de los adoratorios, el téchcatl o piedra sagrada de los sacrificios y una escultura del Chac-Mool

Destaca también la etapa constructiva ejecutada durante el gobierno de Izcóatl, de la que se descubrieron, sobre la escalinata que conducía al adoratorio de Huitzilopochtli, varias esculturas de portaestandartes que, a manera de guerreros divinos, defendían el ascenso al templo de la suprema deidad.

Sin embargo, el hallazgo más notable fue el del monolito circular de la diosa lunar Coyolxauhqui, que proviene de la etapa correspondiente al gobierno de Axayácatl, quien ocupó el solio supremo de Tenochtitlan entre 1469 y 1480.

Los conquistadores españoles sólo conocieron la última etapa constructiva del Templo Mayor, efectuada durante el reinado de Moctezuma Xocoyotzin, y se admiraron de la majestuosidad y gran altura que poseía ya el sagrado edificio. Su fachada se orientaba hacia el poniente, por lo que en ese lado de la pirámide se hallaba la doble escalinata enmarcada por cabezas de serpiente en actitud amenazante. En la parte superior de las alfardas se ubicaban los braceros, donde ininterrumpidamente debía permanecer encendido el fuego sagrado.
Sólo los sacerdotes y las víctimas del sacrificio podían ascender por aquellas escalinatas y llegar a la cúspide del templo, desde donde se podía contemplar la ciudad-isla en todo su esplendor.


A la entrada de los adoratorios del Templo Mayor había unas vigorosas esculturas de hombres en posición sedente, cuya misión era sostener los estandartes y las banderolas hechas de papel amate que evocaban el poder de los númenes patrones. Ya en el interior de las sacras habitaciones, protegidas de la luz por unas piezas de tela a manera de cortinas, se encontraban las imágenes de las deidades.

Sabemos que la escultura de Huitzilopochtli se modelaba con semillas de amaranto, y que en su interior se colocaban unas bolsas que contenían jades, huesos y amuletos que le daban vida a la imagen. Para amalgamar las semillas de amaranto, éstas se mezclaban con miel y sangre humana. El proceso de confección de la fi­gura, llevado a cabo anualmente, concluía con su vestido y ornamentación mediante tocados de plumas y textiles muy elabo­rados, y con la colocación de una máscara y un colgante de oro que daban su identidad a la efigie del dios solar.

Precisamente, durante las fiestas del mes indígena de Panquetzaliztli, dedicado al ceremonial de Huitzilopochtli, el clímax de la fiesta consistía en la repartición del cuerpo de amaranto, miel y sangre entre todo el pueblo; su ingestión representaba la comunión con la deidad y estrechaba el vínculo entre el hombre y sus creadores.
Dado que el panteón indígena era muy amplio, pues se divinizaba a cada una de las fuerzas de la naturaleza, poco a poco el espacio sagrado alrededor de la pirámide doble se fue poblando con numerosos edificios que sirvieron de aposento a dichas deidades.
Hernan Cortes y Moctezuma en Tenochtitlan (dibujo)

Hernan Cortes y el Templo Mayor de Tenochtitlan (montaje artistico)




- Sacrificios humanos en el México antiguo

Ritual y Sacrificio en el Templo Mayor de Tenochtitlan (Mexico)
Imagen de un códice donde se observa un sacrificio humano: a la víctima se le arranca el corazón (en lo alto del templo) y se la arroja desde lo alto de las escaleras del Templo Mayor de Tenochtitlan.

Piedra del sacrificio y cráneos de victimas. Sobre esta piedra se situaba a la victima del sacrificio

Toda la actividad humana entre los mexicas estaba impregnada por un profundo sentimiento religioso, por lo que el ritual formó parte inherente e indisoluble de la vida del hombre que quería comunicarse con sus dioses. 

Los rituales se celebraban conforme lo dictaba el calendario Tonalámatl y variaban en forma, contenido y duración dependiendo de la divinidad invocada. El ritual guardaba la esencia primigenia de morir para nacer; de morir para satisfacer a los dioses.
Mictlantehuchtli, dios de la muerte, en el Museo de Tenochtitlan (Templo Mayor: Ciudad de México)
Estos rituales se caracterizan por la presencia de una urna o recipiente que contenía los restos óseos quemados, huesos de fauna, así como artefactos, algunos de los cuales fueron quemados junto con el difunto. Los objetos mexicas más antiguos, localizados en la etapa constructiva II del Templo Mayor (1375 a 1427 d.C.), son precisamente dos urnas en cuyo interior había restos de huesos quemados; una de ellas hecha en obsidiana y otra en piedra tecalli: ambas corresponden a un mismo contexto funerario.Otro de los temas abordados en esta sala es el ritual del autosacrificio, que consistía en perforarse ciertas partes del cuerpo, con navajillas de obsidiana, puntas de maguey o punzones de hueso. Una vez ensangrentados se colocaban en unas bolas de heno llamadas Zacatapayoli, como una ofrenda a los dioses.
Los cráneos de las víctimas se mostraban en el Templo Mayor de Tenochtitlan (Ciudad de México)

Cuchillo-rostro para extraer el corazón de las victimas del sacrificio humano


También pueden observarse objetos relacionados con rituales como el sacrificio humano, como por ejemplo, los cuchillos-rostro, así como las impactantes máscaras-cráneo. Así mismo, se exhibe un grupo de cráneos de decapitados, los cuales presentan las características perforaciones en el temporal por las que se cruzaba una estaca para colocarlos en el altar Tzompantli. Además, estos cráneos presentan huellas de haber sido desollados, antes de ser exhibidos en dicho altar.
Otros objetos relacionados con las ceremonias rituales, como los braseros, en los que se quemaba el copal, figuras hechas con esta resina, instrumentos musicales, collares y cuentas de adornos suntuarios, entre otros.
Sacrificio humano
Este tipo de rito se realizaba de diversas maneras y una de ellas era el empleo de una piedra de sacrificios, un cuchillo de pedernal y un recipiente para ofrendar los corazones, llamado Cuauhxicalli. Revestía gran importancia ya que era la manera en que a la muerte siguiera la vida, tal como ocurría en la naturaleza, en la que a lo largo del año había una temporada de secas donde las plantas morían y una temporada de vida, en que la lluvia hacía renacer los frutos de la tierra, como parte de un ciclo constante.
A través del sacrificio humano se ofrendaba lo más preciado, la sangre y la vida misma, para que a través de la muerte surgiera la vida.
Los rituales funerarios
El tipo de funeral que se le realizaba a un difunto, estaba en función de la forma en que la muerte hubiese sucedido. Si había fallecido por causas relacionadas con el agua, se enterraría. 

Por otro lado, la muerte en la guerra o por enfermedad común, implicaba la cremación del individuo. Este tratamiento funerario generalmente se practicaba entre la alta jerarquía y los guerreros.

Tras complicada ceremonia, que duraba varios días, y en la que morían esclavos y un perro guía, los restos del difunto -adornados con joyas de piedra y metales- eran quemados para posteriormente introducirlos en una urna, junto con los cabellos del difunto y algunos de los objetos que lo adornaban.
El teyolía o alma del individuo viajaría a la Casa del Sol si había fallecido en la guerra, pero si la muerte había sido por enfermedad común, viajaría al Mictlan, región a la que tardaría cuatro años en llegar.
Ofrenda 17
La ofrenda 17 contenía múltiples objetos que probablemente fueron obtenidos como botín de guerras y tributos, así como cráneos de decapitados en los rituales de consagración del Templo Mayor.
En términos generales esta ofrenda era la representación del universo a escala humana. Por ejemplo, los objetos marinos, como son los corales, correspondían al inframundo acuático y el espadarte de pez sierra era la superficie de la tierra. Los cuchillos de sacrificio, los cráneos decapitados y los braseros decorados con un moño al frente, nos remiten a Huitzilopochtli.

Presidiendo la ofrenda estaban las imágenes del dios del fuego Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli y de Tláloc.